No hay cosa que me incomode y odie más que la xenofobia, no puedo soportarla ni entenderla. No me cabe en la cabeza esa falta de comprensión con casi todo que es extranjero. Casi todo, bien digo, porque es totalmente diferente el recibimiento casi en general de un europeo o de un estadounidense frente a un vecino boliviano o peruano.
Ayer mientras carreteábamos con mis amigos de siempre, salieron las típicas bromas sobre la gran cantidad de residentes de Perú y Bolivia. Aquí en Chile pareciera ser común hablar mal de ambos pueblos y pareciera que una gran cantidad de personas tiene esa idea muy errónea de nuestros vecinos; su estereotipo de boliviano y peruano es el del ser moreno con nariz abultada y grandes ojos negros ¡Que tontera, por favor!
Dos de mis amigos hablaban que no soportaban ambas naciones, fue ahí cuando estallé (siempre me caliento con temas así… y no paro) y defendí lo que me parece justo, dije de paso también que era hijo de madre boliviana con tal convencimiento que después de diez minutos de preguntas hacia mi persona sobre si era verdad, terminaron creyéndome. Uno de los dos quedo para adentro, casi tanto como los demás, pero se sentía ahora mal de hablar así de estas naciones, mientras que el otro solo atinaba a decir “con tal que le hagan bien a Chile, bien me parece”. Todo había cambiado y no entendía por que, quise seguir con mi mentira y me di cuenta lo incomodo que es ser extranjero aquí sobre todo si es boliviano, por l cantidad de bromas alusivas al tema marítimo.
También los hice sentir incómodos pero me gustó y sin duda lo volvería a hacer con tal de limpiar el sentimiento de repulsión que yace en algunas mentes chilenas.


































